Después de que el cristianismo se extendió por Europa y se constituyó como la religión dominante, el teatro decayó por prohibiciones eclesiásticas, en lo tocante a la moral y temas paganos pero tubo un auge en la representación de obras en las que se escenificaban pasajes del evangelio, la vida de los apóstoles y de los santos. Este periodo se caracterizó por el surgimiento de obras épicas de tinte caballeresco, cortesano, y villano, en las que se hacían en muchas ocasiones parodias de la vida cotidiana de la nobleza el clero y la gente común.

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